¿Hijos?… ¡Lo somos!

Publicado: 6 febrero, 2012 en Artículos
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“Miren qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!…” (1 Juan 3, 1)

El apóstol no se equivoca al decir “qué amor”… verdaderamente ¡qué amor!…

Porque habla el salmo de mí cuando dice:

“Dice el necio en su interior: “¡No existe Dios!” Corrompidos están, da asco su conducta, no hay quien haga el bien. Se asoma Yahvé desde los cielos hacia los hijos de Adán, por ver si hay algún sensato, alguien que busque a Dios. TODOS ESTÁN DESCARRIADOSTODOS A UNA PERVERTIDOS. No hay quien haga el bien, ni uno siquiera” (Salmos 14, 3)

Solo le falta poner mi nombre, o una dedicatoria, pero… “miren ¡que amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios”

Sin duda alguna mi nombre no era “hijo de Dios”, podía ser cualquier otro, menos hijo.

Tal vez nuestra oración más sincera es como la del hijo pródigo “… no merezco ser llamado hijo tuyo, acéptame como uno de tus siervos…”. Quizá muchos de nosotros ni siquiera a siervos hemos aspirado, mucho menos a ser hijos. La verdad sigue siendo la misma no merecemos nada de Dios, más que su castigo y la muerte.

¿Cuál era tu nombre?

Mi nombre era pervertido.

¿Se dan cuenta cuanto nos ama el Padre?

Mi nombre era orgulloso, mentiroso, pornógrafo, hipócrita… ¿Cuál era tu nombre?

Seguramente tenías un nombre… el diablo seguramente había tratado de etiquetarte… “inútil, bueno para nada, iracundo, enojón, adultero, borracho…” probablemente utilizó a las personas que estaban más cerca de ti para llamarte de mil formas: “Tu no eres hijo de Dios, tu eres un sinvergüenza, como vas a acercarte a Él otra vez después de lo que has hecho… si realmente fueras su hijo, no hubieras actuado así”

Entonces cuestiona nuestra identidad, nos dice como le dijo a nuestro Señor Jesús: “Si eres hijo de Dios…” (Mateo 4, 3. 6)

Entonces el apóstol Juan hace el énfasis necesario, que apaga la voz del enemigo: “Miren qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡LO SOMOS!(1 Juan 3, 1)

¡Que gracia más grande!, no sólo nos ha llamado hijos, nos HA HECHO hijos.

¿Puedes imaginar el entusiasmo de Juan al decir que somos hijos? ¿Puedes sentir su emoción?

Casi puedo sentir su palpitar cuando dice: “¡lo somos!”

Entonces se han cumplido las palabras de esperanza que expresa el salmista:

“¡Ojalá venga de Sión la salvación de Israel! Cuando cambie Yahvé la suerte de su pueblo, Jacob exultará (exultar es mostrar una gran alegría, no caber en sí de gozo), Israel se alegrará” (Salmo 14, 7)

¿No te entusiasma saber que Dios ha cambiado tu suerte? ¿No te emociona al extremo saber que Él ha cambiado tu nombre?

Romanos 9, 25-26 nos dice: “Y en el mismo lugar en que se les dijo: Ustedes no son mi pueblo, serán llamados: Hijos del Dios vivo”

No importa como te llamaron tus padres, ni que nombre te pusieron otros, lo importante es que en los mismos lugares, las mismas personas tendrán que reconocerlo, y serás llamado “hijo del Dios vivo”… ¡Pues lo eres!

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