Me pregunto si…

Publicado: 9 junio, 2011 en Artículos, Uncategorized
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Muchas veces me pregunto si podremos realmente, como jóvenes cristianos, hacer una diferencia en el mundo. Si apareceremos en medio de la historia, como audaces que hicieron proezas por su ilimitada fe.

Me pregunto si cuando proclamamos que somos distintos realmente lo somos. ¿O es que acaso somos distintos por qué saltamos cuando cantamos una canción cargada de euforia? ¿Seremos verdaderos cristianos porque podemos responder en altavoz “¡Cristooo!”, cuando alguien nos pregunta “¿Quién vive?”, mientras que día a día nos codeamos con la muerte, a diestra y siniestra, tanto que pareciera que hasta nosotros mismos somos arrastrados por esta corriente fatal?Me pregunto si los sueños y deseos que tenemos mucho de nosotros son genuinos, o han venido a no ser más que un cliché.

Me cuestiona con cuanta facilidad podemos decir tantas cosas “buenas”, en medio de una reunión en nuestros grupos o comunidades, cantar, llorar y hasta gritar que amamos a Dios, para luego, apenas saliendo de ese aparente encuentro con Dios, podemos conversar de cualquier cosa sin sentido, tanto que conversar acerca de cosas más grandes y menos vanas ha quedado prácticamente prohibido, y en cambio, hemos preferido los chistes y el sarcasmo que Dios detesta, jugueteos de connotación homosexual que se toman como aceptables, e insultos aparentemente inofensivos como “tarado, imbécil, idiota o zonzo”.

Vanas ilusiones. En tantísimas ocasiones solo buscamos el placer de un momento.

El problema está en que muchos de nosotros hemos eliminado de nuestras vidas la palabra sacrificio.

Queremos un cristianismo suave, que nos diga “todo está bien”, mientras el mundo a nuestro alrededor cae a pedazos. No queremos oír al Señor cuando nos llama diciendo: “toma tu cruz… niégate a ti mismo… déjalo todo… y ¡Sígueme!”

Hemos olvidado el sacrificio, cuando afirmamos que deseamos que Dios nos utilice como instrumentos suyos, y no queremos abandonar unas horas de televisión, para buscar a Dios y escuchar su voz.

Hemos olvidado el sacrificio, cuando queremos que más personas conozcan al Señor, pero no oramos por los que están perdidos, y mucho menos ayunamos por ellos.

No existe sacrificio, cuando queremos que nuestras comunidades y grupos estén constantemente creciendo y poco a poco las sillas vacías se llenen, y pensamos que debemos hacer que el grupo sea “chévere” y “divertido” mientras nuestros corazones están tan vacíos que no tienen nada de Dios para dar y nuestras reuniones se convierten en una “reunión social” más.

Sencillamente no lo queremos. Nos amamos demasiado a nosotros mismos, tanto que no podemos amar a Dios sobre todas las cosas.

Nos amamos tanto que no queremos ocasionarnos el dolor de dejar nuestras comodidades, ni el internet, ni nuestros vicios, ni nuestros pecados, solamente para no ocasionarnos dolor.

Al olvidar el sacrificio, olvidamos también que el verdadero gozo nace del dolor.

Muchas veces me pregunto… ¿Te has preguntado alguna vez algo parecido?

comentarios
  1. ale malaga dice:

    Wao! realmente más que un texto, es un reprendernos a nosotros mismos, preguntándonos en muchas ocasiones cual es el fin de las preguntas que hacemos y si estas son buenas, no tan buenas o simplemente no son nada buenas, algo que me impacto fue que “Ninguna cosa que de fuera entra en la persona puede hacerla impura, lo que hace impura a una persona es lo que sale de ella” Marcos7.15

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