Él lo hará todo por mí

Publicado: 19 mayo, 2011 en Artículos
Etiquetas:

Estos días hay muchas cosas en mi cabeza, debido a un tiempo de cambios en la comunidad. Ahora estoy a cargo del trabajo con los niños, a cargo del trabajo con los jóvenes, a parte también de la música, también tengo que preparar algunos cursos que se dictarán en la comunidad como parte de la formación, además vienen semanas con jornadas y retiros, en colegios y en parroquias, los cuales tengo que coordinar.

Además de esto, debo terminar mi proyecto de titulación con un amigo.

Me encanta servir a Dios. Trabajar para Él es un privilegio, pero pensar en las cosas que hay que hacer comenzó a estresarme.

El domingo antes de dormir, empecé a orar. Abrí mi Biblia en libro de Eclesiástico, y mis ojos cayeron justo en el versículo que decía: “Principio de la soberbia es alejarse del Señor, apartar el corazón del Creador” (Eclesiástico 10, 12)

Dios me habló: “Tienes muchas cosas que hacer, estas ocupado, y sirviéndome, pero si no dependes de mí, si no tienes tiempo para buscarme, es porque crees que puedes y debes hacerlo tú solo”

Dios me estaba enseñando su forma de ver el orgullo. La soberbia es sencillamente apartar el corazón de Él.

Entonces busqué el Salmo 138, que dice: “¡Excelso es Yahvé, y mira al humilde, al soberbio lo conoce desde lejos!” (Salmos 138, 6)

Al soberbio lo conoce desde lejos, porque el soberbio decidió alejarse de Dios. Recordemos Eclesiástico 10, 12: “Principio de la soberbia es alejarse del Señor…”

Estoy entendiendo algo durante estos días: La medida del orgullo de nuestros corazones no está determinada solo por la manera en que hablamos, o nos comportamos, la soberbia en nuestra vida no está determinada únicamente por la forma como tratamos a otros o cuánto dinero tenemos, ni por ninguna otra cosa externa.

La medida de nuestro orgullo o de nuestra humildad es la medida de nuestra dependencia de Dios, que tan pegado esta nuestro corazón al suyo.

Si no estás buscando a Dios constantemente, si no estás buscando su gracia y su favor, si no deseas  ser cada día lleno de su Espíritu, hay orgullo en tu corazón, hay soberbia y tal vez no la estás viendo.

Si no eres totalmente dependiente de Él, estás diciendo ¡Yo puedo vivir sólo, puedo llevar mis cargas sólo, puedo con mi trabajo solo, puedo cargar mis aflicciones y enfermedades solo! ¡No te necesito!

Siempre que esta sea nuestra actitud, terminaremos fatigados, sobrecargados y frustrados.

Jesús dijo: “Vengan a mí todos los que están fatigados y sobrecargados, y yo les daré descanso. Tomen sobre ustedes mi yugo, y aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallarán descanso para sus almas. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mateo 11, 28-30)

Muchos andamos fatigados y sobrecargados, y la razón principal es que no queremos escuchar su voz que nos dice “vengan a mí”.

En tantas ocasiones preferimos cargar “nuestro” propio yugo, en lugar de ir al maestro, y aprender de él, que es manso y humilde de corazón.

Tal vez podríamos cuestionar su humildad, porque Él dice: “…aprendan de mí, que soy manso y humilde…”; pero lo que nos está enseñando el Señor es que, eres más humilde, cuando más dependes del Padre, no es nada exterior, no son solo tus palabras o actitudes, no es solo tu manera de vestir, no tiene que ver con las cosas que posees. No.

¡Tiene que ver con la disposición que tienes para venir a Él, aprender de Él!

El salmista sigue diciendo: “Si camino entre angustias, me das vida, ante la cólera del enemigo, extiendes tu mano y tu diestra me salva. YAHVÉ LO HARÁ TODO POR MÍ. ¡Tu amor es eterno,  Yahvé, no abandones la obra de tus manos!” (Salmos 138, 7-8)

Yo tengo que hacer algo, ser tan humilde, tan humilde, que no pueda hacer nada sin la presencia de Dios en mi vida.

Ser tan dependiente de Él, que el corazón pueda decir: “Si tengo que trabajar, Padre, no puedo hacerlo solo, no funciona sin ti. Si tengo que servir a otros, no puedo hacerlo solo, no sirve de nada. Si debo enfrentar problemas, no puedo hacerlo solo, si tengo que predicar a otros, no puedo hacerlo solo, si debo afrontar mis enfermedades, no puedo hacerlo solo, si he de luchar con mis debilidades, no puede hacerlo solo… si tengo que vivir, no puedo hacerlo solo, ¡No puedo! Te necesito, no voy a ningún lado sin ti… Realmente te necesito”

Si quitamos, de una vez por todas, el orgullo de nuestras vidas, el orgullo que nos lleva a confiar en nosotros mismos y a alejarnos de Dios, solo entonces, podremos decir como dijo David: “Yahvé, lo hará todo por mí, mi Padre lo hará todo por mí”.

Las actitudes que se desprenden de la humildad, van a venir cuando empecemos a aprender de Él. Amar, servir, tener a los demás en mayor estima que a uno mismo, todo esto, sucederá porque será inevitable adquirir los sentimientos que tiene Él, y será inevitable cada día parecernos un poco más a Él.

Tú, Señor harás todo por mí.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s