¡Cuán Bello es el Señor!

Publicado: 19 agosto, 2010 en Artículos
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Cuan bello es el Señor….

Pero ¿qué aconteció con él…?

“Creció como un retoño delante de él, como raíz de tierra árida. No tenía apariencia ni presencia; (lo vimos) y no tenía aspecto que pudiésemos estimar.” (Isaías 53, 2)

Yo digo acerca de Él…Cuan bello es el Señor…

Pero el profeta dice de Él…

“Despreciado y marginado, hombre doliente y enfermizo, como de taparse el rostro por no verlo. Despreciable, un Don Nadie.” (Isaías 53, 3)

No era para menos pues… “¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado. Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados.” (Isaías 53, 4-5)

Yo tengo que clamar: ¡Cuan Bello es el Señor!…

Porque Él no tenía que hacerlo… “Todos nosotros como ovejas erramos, cada uno marchó por su camino…” (Isaías 53, 6)

Cuan bello es el Señor,

Pues él no tenía que sufrir, pero…

“Yahvé descargó sobre él la culpa de todos nosotros.” (Isaías 53,6)

Cuan bello es el Señor…

Su amor fue tan grande que por causa mía…

“Fue oprimido, y él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado, y como oveja que ante los que la trasquilan está muda, tampoco él abrió la boca. Tras arresto y juicio fue arrebatado, y de sus contemporáneos, ¿quién se preocupa? Fue arrancado de la tierra de los vivos; por las rebeldías de su pueblo ha sido herido” (Isaías 53, 7–8)

¡Cuan bello es el Señor!

Que se le trato como al más vil de los malhechores…

“Por más que no hizo atropello ni hubo engaño en su boca.” (Isaías 53, 9)

Cuan Bello es el Señor,

Que, sin importar el precio, quiso agradar a su Padre, pues sabía que…

“Si se da a sí mismo en expiación, verá descendencia, alargará sus días, y lo que plazca a Yahvé se cumplirá por su mano.” (Isaías 53, 10)

¡Cuán Bello es el Señor!

Que hizo todo esto para justificarnos, pues…

“Por las fatigas de su alma, verá luz, se saciará. Por su conocimiento justificará mi Siervo a muchos y las culpas de ellos él soportará.” (Isaías 53, 11)

¡Cuán bello es el Señor!

Y después de esto el Padre de la gloria lo recompensará…

“Por eso le daré su parte entre los grandes y con poderosos repartirá despojos, ya que indefenso se entregó a la muerte y con los rebeldes fue contado, cuando él llevó el pecado de muchos, e intercedió por los rebeldes.” (Isaías 53, 12)

¡Tengo que gritar esto por siempre!

¡Cuán Bello es el Señor!

¡Cuán Bello es el Señor!

“Él es el Testigo fiel, el Primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra.” (Apocalipsis 1, 5)

¡Cuán bello es el Señor!

Digno que todos lo adoren…

“Al que nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados y ha hecho de nosotros un Reino de Sacerdotes para su Dios y Padre, a él la gloria y el poder por los siglos de los siglos. Amén.” (Apocalipsis 1, 5-6)

¡Cuán Bello es el Señor!

Y ahora el profeta nos da una orden respecto al que habíamos despreciado, frente al cual nos habíamos cubierto el rostro para no verlo, da una orden que nadie podrá evadir…

“Miren…”dice “…viene acompañado de nubes; todo ojo lo verá, hasta los que le traspasaron, y por él harán duelo todas las razas de la tierra. Sí. Amén.”

¡Cuán Bello es el Señor!

Aquel que fue indefenso ante la muerte, ahora levanta su voz para decir…

“Yo soy el Alfa y la Omega, dice el Señor Dios, «Aquel que es, que era y que va a venir», el Todopoderoso” (Apocalipsis 1, 8)

¡Cuán Bello es el Señor!

¡Él que no tenía aspecto que pudiésemos estimar, ahora se levanta!

El apóstol afirma lleno de asombro…

“Vi siete candeleros de oro, y en medio de los candeleros como a un Hijo de hombre, vestido de una túnica talar, ceñido al talle con un ceñidor de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos, como la lana blanca, como la nieve; sus ojos como llama de fuego; sus pies parecían de metal precioso acrisolado en el horno” (Apocalipsis 1, 12-15)

¡Cuán Bello es el Señor! ¡Jajajaja!

El mismo que despreciamos, el mismo que no tenía apariencia, el mismo que era un don nadie, atrévanse a mirarlo ahora… “Su cabeza y sus cabello eran blancos, como la lana blanca, como la nieve; sus ojos como llama de fuego; sus pies parecían de metal precioso acrisolado en el horno” (Apocalipsis 1, 14-15)

¡Cuán fuerte, cuán grande, majestuoso y poderoso es el Señor!

El mismo que se humillo, y no abrió la boca, el mismo que fue ante sus verdugos como oveja muda, ahora levanta su voz… “Su voz como voz de grandes aguas” (Apocalipsis 1, 15)… “Una gran voz, como de trompeta” (Apocalipsis 1, 10)

¡Cuán bello es el Señor!

Aquel no es más el hombre doliente y enfermizo, ahora es glorioso… “y su rostro como el sol cuando brilla con toda su fuerza” (Apocalipsis 1, 16)

¡Cuán bello es el Señor!

Al verlo todos nosotros ocurrirá como sucedió con Juan…  “Cuando lo vi, caí a sus pies como muerto”

Todos caeremos ante él, toda la creación se postrará, nadie podrá resistir en pie su omnipotente presencia, todos lo adoraremos, todos jubilosos alzaremos nuestra voz para exaltar al único que es digno.

¡Cuán bello, cuán perfecto, cuán bueno es el Señor!

Finalmente esperamos ese toque. Ese toque de confianza y ternura, esa mano derecha sobre nuestro hombro, y esas palabras de confianza: “…No temas, soy yo…” Esas palabras que lo cambian todo, ¡Es él!, nuestra salvación es Él, lo que necesitamos es Él, esas palabras que nos alientan, si “es Él“ estamos seguros, no hay nada que temer, no se trata de mí, no se trata de ti, no se trata de nuestro esfuerzo, se trata de su esfuerzo, su mano de confianza diciéndonos estoy aquí.

“…Soy yo…” -nos dice- “…el Primero y el Último… tengo las llaves de la muerte y del abismo…” (Apocalipsis 1, 17-18)

Que toda la tierra clame por siempre…

¡Cuán Bello es el Señor!

Abraham Arhuire

comentarios
  1. Adriana dice:

    Realmente el Señor es hermoso …como no amarlo verdad??. Q buen articulo, me agrado mucho

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